El penal de Lurigancho 30 años después

 

EL PENAL DE LURIGANCHO 30 AÑOS DESPUÉS

Publicado el 16 de junio de 2017 en el diario oficial El Peruano

Conocido inicialmente como CRAS o Centro de Readaptación Social, el penal de Lurigancho fue inaugurado el 14 de diciembre de 1974, durante el gobierno militar del general Juan Velasco Alvarado.

Desde esa fecha, dicho reclusorio ha formado parte de la historia de Lima y del Perú, resistiéndose a desaparecer como los ya desactivados penales ‘El Frontón’ y ‘El Sexto’.

El CRAS de Lurigancho fue construido en lo que entonces se consideraba “lejos de la ciudad”, en una zona del distrito de San Juan de Lurigancho.

El centro penitenciario está rodeado hoy por casas construidas ilegalmente a su alrededor, que violan con creces la disposición legal que prohíbe cualquier edificación a 200 metros de su cerco perimétrico.

DISEÑO ENTUSIASTA

Respondiendo a los enfoques penitenciarios de entonces, sus diseñadores la pensaron para superar los clásicos conceptos de castigo y represión. Es decir, no solo incluyó espacios para el encierro total (como algunos modelos europeos de estricto control), sino también áreas dedicadas al estudio y trabajo.

Por ello, según cuentan los servidores penitenciarios de antaño, además de los cinco pabellones, con capacidad hasta de 400 reos cada uno, se edificaron grandes hangares para el desarrollo de actividades laborales, como carpintería, textilería y otros.

Dicha política entusiasta, encaminada a un cambio de conducta positivo, lamentablemente se vio interrumpida por diversos factores políticos y sociales.

LLEGA LA REPUBLICANA

La madrugada del 10 de febrero de 1987, el personal asignado del Instituto Nacional Penitenciario iniciaba su servicio de custodia. Había 5,000 personas tras las rejas. El conteo de internos y el encierro total habían culminado y todo estaba en calma.

De acuerdo con los testigos –como el director del penal de aquel entonces, Raúl Pinedo, y sus alcaides, Américo Vargas Palomino e Ismael Cleber Acuña–, un contingente armado de 1,000 agentes de la Guardia Republicana ingresó al recinto en un operativo sorpresa, el cual removió de sus funciones a los trabajadores, civiles que no portaban armas de fuego.

El entonces presidente de la República, Alan García, dispuso que todos los penales del país pasaran a manos de la Guardia Republicana (hoy Policía Nacional del Perú).

El control total entonces cambió de manos y, con ello, también el manejo de los privados de libertad.

LA RETOMA

Después de 30 años, el Inpe está terminando el proceso de retoma de los penales (quedan en pendiente los centros penitenciarios de San Ignacio y Sicuani).

Hoy se tiene planificado que esta institución reciba de manos del ministro del Interior, Carlos Basombrío Iglesias, a nombre de la PNP, las llaves del penal de Lurigancho, el más poblado del país con 9,607 internos y con capacidad para solo la tercera parte: 3,204.

La ceremonia será simbólica, pero con un peso histórico, al punto que se prevé que el presidente del Consejo de Ministros, Fernando Zavala Lombardi, esté presente como testigo de este acontecimiento.

Será una oportunidad para contagiarse del ánimo de la ministra María Soledad Pérez Tello, así como el Consejo Nacional Penitenciario, respecto a las proyecciones y posibilidades de este establecimiento carcelario.

Todos hablan de cambios profundos, de humanizar las prisiones y convertirlas en “escuelas del bien”, donde los reclusos salgan transformados por la adquisición de nuevos saberes y prácticas.

El Lurigancho se convierte así en una historia sin terminar, una que nos invita a conocer y reflexionar. 

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